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HISTORIA DEL PUNTO DE CRUZ
" Es una
historia antiquísima que se pierde en la noche de los tiempos. Los
fragmentos más antiguos se remontan al 850 d.C. y vienen de Asia Central
(donde todavía el punto de cruz está muy difundido, sobre todo para
decorar los trajes tradicionales.
Pero debe llegarse a nuestro Medioevo para comenzar a relatar la
historia cierta y probada. Cierto y probado es que entre los siglos X y
XIII las castellanas, en sus interminables esperas, copiaban en punto de
cruz los motivos de las alfombras que sus hombres, entre una y otra
cruzada, traían de Oriente.
Los bordados eran ribetes ornamentales, obviamente geométricos, para
dobladillos y mangas de trajes masculinos y femeninos.
En el Renacimiento el punto de cruz se difunde en toda Europa, se
convierte en una de las bases de la educación femenina, favorita de la
iglesia, gran "consumidora", para sus propios trajes y adornos, de
bordados de todo tipo. En el Renacimiento nace el sampler, marquoir o
muestrario: símbolos religiosos para ejercitarse. En los países
anglosajones se le denomina sampler del latín exemplum, es decir
ejemplo; en Francia, marquoir, de punto de marca, nombre dado al punto
de cruz porque servía para marcar, o sea para rubricar con una inicial
la ropa blanca. Entre nosotros se llama muestrario, de "muestra" o
"modelo". Los muestrarios quedan en el patrimonio familiar y se
transmiten de generación en generación, acumulándose y llegando a formar
una verdadera "enciclopedia" que se consulta para encontrar el motivo
más adecuado a la labor del momento. Los encontramos mencionados hasta
en las obras de Shakespeare como objetos difundidos y de uso común. Casi
siempre son de lino, bordados con hilos de seda o de lana, con
frecuencia del mismo color de la tela, porque el algodón todavía es muy
raro en Europa y los colores en las tiendas, poquísimos. Los dibujos se
disponen al azar y ciertamente los muestrarios no tienen el aspecto de
"cuadro" que presentarán más tarde.
En el 1500 comienzan a circular los primeros "diagramas" impresos.
Vienen sobre todo de Alemania e Italia, y en el 1586 se publica en
Francia un librito, La clef des champs, con motivos de flores y de
animales estilizados que se inspiran en Oriente y en los símbolos
heráldicos.
En el 1600 estalla la "revolución roja", una revolución absolutamente
pacífica provocada por la llegada a Europa, provenientes de las tierras
de América, de nuevos colorantes naturales, económicos y fáciles de
usar, que permiten teñir los hilos de rojo. Y todos los bordados en
punto de cruz se vuelven rojos sobre fondo blanco. Mientras tanto, las
mujeres empiezan a aprender a escribir y el muestrario con uno, dos,
tres y hasta seis alfabetos distintos es una manera de ejercitarse.
Alrededor de las letras, flores y sobre todo símbolos sacros (porque es
en los conventos donde se aprende a leer) dispuestos con armonía: el
muestrario comienza a tomar forma de cuadro.
En el 1700 los dibujos se ennoblecen y se complican, haciéndose no más
estilizados sino más realistas, y en la segunda mitad del siglo aparecen
los primeros "paisajes".
Así hemos llegado al siglo XIX, la "edad de oro" del punto de cruz, que
se ve favorecido por el desarrollo de la industria textil (que permite
disponer de telas de algodón e hilos en muchísimos colores" y por la
difusión de revistas femeninas y, en particular, de los diagramas
coloreados a mano sobre una base cuadriculada producidos en las
tipografías de Berlín (desde donde se distribuyen hacia toda Europa; en
1840 ya se han publicado más de 14.000). El punto de cruz llega a ser la
pasión del siglo, materia de enseñanza en las escuelas y pasatiempo de
las mujeres de todas las edades y de todas las clases sociales.
El Romanticismo imperante influye en la elección de los temas, de las
frases trasladadas a los muestrarios y de los colores. Se producen por
primera vez los cañamazos Penelope, que son su trama particular animan a
bordar incluso en medio punto y petit point, parientes cercanos del
punto de cruz.
En 1886, Thérèse de Dillmont, aristocrática vienesa ya entonces miembro
de la Academia del Bordado de la emperatriz María Teresa y fundadora de
una escuela de bordado con taller y publicaciones, se asocia con Jean
Dollfus, gran empresario textil cuyo establecimiento, DMC, ha llegado
intacto hasta nuestros días. Materiales, diagramas y hasta la
enciclopedia de Thérèse entran en cada casa de Europa y de Estados
Unidos, donde mujeres e hijas de inmigrantes han llevado la pasión por
el punto de cruz. De la enciclopedia de Thérèse, traducida a diecisiete
idiomas, se venden dos millones de ejemplares, cifra inimaginable para
la época. Pero el final del siglo marca también el final del punto de
cruz. De repente deja de estar de moda, desaparece de los ajuares y de
los salones para perdurar solamente en las escuelas. A comienzos del
siglo XX, las mujeres prefieren otros puntos más libres que permiten
copiar las volutas y las florituras de los motivos de Liberty, y se
inicia además la moda de los adornos aplicados que durará hasta la
segunda guerra mundial.
Después de setenta años de olvido llegamos a los años ochenta; la mujer,
alcanzada a partir de entonces la indiscutible igualdad, puede
permitirse ir a la búsqueda de los amores perdidos. Y nuevamente se
producen flechazo y amor a primera vista. Y el punto de cruz reaparece,
volviendo a entrar en nuestra cultura con todos los honores y dando
testimonio, como en los siglos anteriores, de costumbres, tradiciones,
estados de ánimo y evoluciones. "
Texto Extraido de la "Enciclopedia del Punto
de Cruz"
© 2000 Ediciones Scorpio S.
Un
rincón más, de entre tantos que se encuentran en a red,
dedicado al punto de cruz, una labor que con el paso del
tiempo se ha ido arrelando más y más. El punto de cruz no es
sólo gráficos y más gráficos; también es colores,
combinaciones, telas, técnicas, etc, etc. Si entráis en
la página, encontraréis una pequeña muestra de todo ello. Y
si todavía no habéis probado a hacer alguna puntada, quién
sabe, igual os animáis y os engancháis igual que yo y un
montón de arañitas más.......
Bienvenidas, pasad y disfrutad...
Nutie
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